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La Coctelera

Las Patrañas del Pope

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27 Diciembre 2008

En las ruinas - El encuentro (Primer relato de la serie)

El sol de media tarde bañaba las ruinas de la capital solo allí donde el polvo había terminado de asentarse. Tal y como estaba programado la pequeña nave de reconocimiento descendió hasta los trescientos metros para realizar un estudio más detallado de los daños. Poco quedaba de la imponente ciudad que tantos siglos había costado construir y adecuar a la misión de administrar el planeta. Puede que a las personas les costara creerlo, pero las emociones no son algo que únicamente ellos podían poseer. Sin duda lo que sintió aquel piloto ese día fue algo ya parecido a una emoción, debió de ser muy extraño para él. Mientras su cerebro recopilaba y procesaba los datos para su misión empezó a hacerse una idea de la magnitud de la tragedia. Había barrido ya casi todo el planeta y las peores proyecciones se estaban cumpliendo. No había supervivientes.

Era un modelo antiguo, fabricado mucho antes de que empezara la guerra. Había sido diseñado con forma humana, pero las carcasa metálicas que cubrían su cuerpo le delataban inmediatamente. Hacia mucho tiempo que no pertenecía a ninguna persona, su último dueño hacia casi ochenta años que había muerto. Después de eso no supo que hacer, hasta que una pregunta empezó a gestarse poco a poco en su cerebro cuántico, y terminó por darla prioridad absoluta. Y esa pregunta le había llevado hasta allí, por si sola, sin la necesidad de que una persona lo ordenase.

Accionó los mandos y la pequeña nave se dispuso a salir de la ciudad. Entonces los sensores detectaron algo. Paró en seco y miró los paneles. Calculo rápidamente que debía de tratarse de un error, y se dispuso a comprobar el sistema. Todo parecía estar en orden, los sensores funcionaban perfectamente. Dirigió la nave en dirección a la señal y aterrizó en mitad de una explanada. Cuando salió al exterior los motores habían parado y el silencio era sepulcral. Lo que sucedió entonces fue sin duda el acontecimiento más importante de la guerra, aunque sus consecuencias no serian visibles hasta muchos años después. Justo delante de él, encima de unas piedras, un niño humano le miraba paralizado por el miedo. Parecía tener unos cuatro años y estaba a unos diez metros. El robot se puso en cuclillas para parecer más inofensivo. El pequeño tenía varias heridas, ninguna de importancia, pero pensó que debía curarlas. Y seguro que tendría hambre, recordó que un humano necesitaba alimentarse. Y sed. Puso empeño en que su voz metálica sonara lo más agradable y comprensiva posible.

-Espera aquí, ¿quieres?- y el robot se dio la vuelta lentamente mientras se incorporaba y desaparecía dentro de la nave. Tenía alimentos y agua de sobra a bordo, encontrar a alguien con vida era una posibilidad, y aunque remota había que tomarla en cuenta, pues el viaje de regreso sería largo. Salió pasados unos segundos, el tiempo necesario para descongelar la naranja pelada que llevaba en la mano.

El niño no parecía ya estar tan asustado. Estaba muy sucio, debía llevar horas andando entre las ruinas, desde que acabó el ataque. De un pequeño salto bajó de las piedras y dio varios pasos acercándose. El robot se agacho de nuevo y extendió el brazo ofreciéndole la fruta. El pequeño le miro, miro la naranja y de pronto comenzó a llorar. La naranja se cayó al temblar de la mano metálica, nunca antes había visto llorar a un niño. De hecho tampoco nunca había hablado con uno.

-¿No..., no quieres la naranja? Tengo más cosas..., tengo más comida dentro.- lo dijo torpemente, abrumado por la situación y las variables de actuación. No sabía calmar a un niño humano, y se veía obligado a hacer algo sin saber si era lo correcto. Fue a levantarse para buscar más comida y en la operación tropezó y le costó incorporarse. Pero al pequeño pareció gustarle la faceta torpe de aquella maquina porque dejo de llorar.

-¿Como te llamas?- pregunto el niño. El robot se desconcertó todavía más. Nunca había tenido un nombre más allá del código que le asignaron en la fábrica. Intentó elegir rápidamente entre los nombres humanos que conocía, pero no sabía cual sería el correcto. Extendió el brazo hacia el pequeño y volvió a salir ese sonido metálico desde detrás de la carcasa de su cabeza.

-Ven...

-¿Te llamas Ben?- respondió el niño.

-¿Ven...? Sí, me llamo Ben. ¿Cual es tú nombre?

-Me llamo Jonathan.

-¿Estás solo Jonathan?- asintió con la cabeza y el robot le señaló la nave. -¿Quieres que nos vallamos? La guerra no es lugar para un niño.

-¿Y a donde vamos?

-Iremos en la nave hasta mi planeta, que esta muy lejos de aquí. Allí hay muchos como yo, nosotros te cuidaremos, lejos de las guerras de los hombres. Es el sitió más seguro de la galaxia, el único seguro.

-¿Y no me dejarás solo?- Esas palabras paralizaron al robot. Sintió que su cerebro se colapsaba, y por un segundo pareció sufrir un mareo, perdió un poco el equilibrio y se repuso rápidamente. Supo que el motivo de su existencia estaba a punto de cambiar. Ese pequeño no tenía a nadie. Y llevarlo a un planeta humano... no, no con esta guerra. Se acercó al niño y con sus dedos metálicos le agarro de la mano suavemente.

-No Jonathan, nunca te dejaré solo.


servido por Las patrañas del Pope 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Dr Musufi

Dr Musufi dijo

Muy Bueno, Ytanas. SObre todo me gusta como haces notar la diferencia entre humanos y robots , que los separa por naturaleza irremediablemente peroes bonito el giro de ese extraño miedo humano a cuidar de otros seres y hacerse cargo de ellos.

"nuestro lema es: mas humanos que los humanos" Tyrell , en la Tyrell Corporation

pd: cuelga mas relatos galácticos, que este me ha gustado mucho. Besillos

28 Diciembre 2008 | 12:34 PM

Las patrañas del Pope

Las patrañas del Pope dijo

Jeje. Me alegro de que te gustase. Es el principio de algo, tendrá continuación. Pero no todo será tan bonito..., es lo que tiene la guerra...

29 Diciembre 2008 | 06:42 AM

AdeS

AdeS dijo

hermoso a la vez ke desgarrador

29 Diciembre 2008 | 02:03 PM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Toma ya. Ambos seres encontrando el elemento humano fuera de sí. Muy chulo, me gusta la idea de que un robot necesite de la voluntad de los humanos, tiene sentido, en cierto modo son los humanos los que les dan propósito a las máquinas, les dan el soplo de la voluntad.
Muy chulo.

31 Diciembre 2008 | 11:38 AM

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