Suma de historias (3ª parte) - Relato
—Esta foto fue hecha cuando Richard Feinman recibió el Premio Nobel de Física. Mi profesor de física cuántica de la Universidad Isaac Newton estaba fascinado con la posibilidad de los viajes en el tiempo, con las distintas teorías sobre el viaje al pasado y las consecuentes paradojas. Decía ser bisnieto de un familiar lejano de Richard Feinman y tenía una copia de la foto.
—Perdone mi ignorancia pero, ¿Richard Feinman tiene algo que ver con los viajes en el tiempo?
—Feinman introdujo el concepto de “suma de historias”.
—¿Suma de historias? No comprendo...
Atkins asintió. Michael Zenit le había pedido que intentara retener a ese hombre hasta su regreso, y el inspector se lo estaba poniendo en bandeja. Y ese no era el único motivo por el cual quería hablar con él. Desde luego no era un corriente inspector del comité, y el profesor sentía curiosidad. Además, una extraña idea le recorría la mente, aun vaga, inconsistente, pero su cerebro le pedía algunas respuestas.
—Al principio se pensaba que si el viaje en el tiempo existiera, nunca sería posible viajar al pasado. Esto se debe a que se tendría que poder curvar el espacio. Verá, el espacio tal y como lo percibimos es un plano tridimensional, un cubo, para que lo entienda. Se necesitan tres puntos de referencia para llegar a cualquier lugar de éste, por ejemplo en la Tierra tendríamos que saber, para llegar a un lugar, su latitud, longitud y altitud, pero como usted sabrá eso no es del todo cierto. Nos falta la dimensión temporal. ¿De qué nos sirve conocer el lugar donde hemos quedado con una preciosa joven si no sabemos a que hora es la cita? Fue Einstein quien demostró con la teoría de la relatividad que el espacio y el tiempo estaban íntimamente ligados, y que por lo tanto nuestro universo no sería tridimensional, si no una entidad tetradimensional a la que se llamó espacio-tiempo. Einstein también explicó en un artículo que podía describir con exactitud los efectos de la gravedad, si se aceptaba que el espacio-tiempo se curva como consecuencia de la materia y energía que contiene. Por supuesto esa teoría ha sido demostrada a nivel experimental. ¿Entiende lo que le digo? No quisiera ir muy rápido para usted. Estoy acostumbrado a hablar con científicos y…, bueno no creo que en su preparación académica entrara demasiada física. Avíseme si se pierde, ¿de acuerdo?
Smith sonrió, pero solo en su mente, lejos de donde el profesor pudiera percatarse. Era evidente que no le caía demasiado bien. Hasta ahora no había dicho nada extremadamente complicado para cualquier estudiante aplicado. El profesor le consideraba un chupatintas ignorante del comité. Pero, ¿entonces por qué accedía con tanta facilidad a mantener una charla con él? Zenit. Le habría dicho que le retuviera pero, si todo salía según lo previsto, no le daría tiempo a llegar. Respondió al profesor con una sonrisa, después de todo no era inspector del comité, y el insulto no llegaba a tocarle.
—Gracias profesor, tranquilo. Por ahora ha explicado todo de una manera muy comprensible. Pensar que el espacio-tiempo es curvo es complicado, nada fácil de imaginar. Pero creo que aún así entiendo el concepto.
—¿Cuál sería el camino más corto para ir de aquí a, por ejemplo, el continente americano?
—No sé. Supongo que en jet en una línea recta hacia el oeste, ¿no?
—Exacto. Sin embargo, esa línea recta de la que habla es en realidad una gran curva, puesto que la Tierra es un plano esférico. Extrapole eso ahora al universo. No le digo que se lo imagine como una gran pelota, entiéndame. Pero piense que al igual que en la Tierra, lo que parece una gran línea recta de "A" a "B", puede ser en realidad una gran curva. Sabemos que la materia y la energía producen esas curvas en el espacio-tiempo, lo distorsionan, como si pusiéramos una piedra sobre una cama elástica. La materia y la energía curva el espacio-tiempo alrededor de si misma creando una curva como la superficie de la Tierra, pero, y aquí viene lo interesante, si se pudiera curvar en la dirección opuesta se conseguiría lo que llamamos un “agujero de gusano”, que nos serviría, en teoría claro, para poder viajar por el espacio-tiempo. Pero para ello la curvatura natural del espacio-tiempo ha de ser lo suficientemente pronunciada para permitirlo, cosa que podríamos solucionar en el presente o en el futuro con la tecnología adecuada, pero no en el pasado, ya que si no podemos viajar a él no podemos curvarlo. Según esta teoría el espacio no estaría lo suficientemente curvado como para permitir viajes al pasado por si solo, y el pasado quedaría cerrado a nosotros ¿Me sigue?
—Creo que sí profesor. Como nadie se ocupó de curvar el espacio en el pasado para que hombres del futuro les visitaran, el viaje es imposible. ¿Cierto? —Atkins movió la cabeza con un gesto afirmativo. Smith se dio cuenta de que el tema relajaba al profesor. Estaba mucho más sereno, parecía incluso contento—. Continúe por favor.
—Sí, a muy grandes rasgos es eso. Pero después se barajó la idea de que la curvatura del espacio sería suficiente como para permitir los viajes, y las dificultades parecieron quedar soslayadas, pero ahí entraron en juego las paradojas temporales. ¿Sabe lo que es una paradoja?
—Bueno... he leído cosas pero técnicamente no lo sé.
—Le pondré un ejemplo: alguien construye una máquina del tiempo y seguidamente viaja a un pasado en el que su padre es un niño y lo asesina. ¿Qué pasaría entonces? ¿Dejaría de existir? Su padre no ha llegado siquiera a conocer a su madre, el nunca habría nacido. Y si no ha nacido ¿Cómo viajaría al pasado para matar a su padre?
—Bueno… podría estar viajando o creando universos diferentes, ¿no? Es decir, el universo donde crea la máquina no es el mismo que en el que asesina a su padre, es un universo alternativo.
—Vayamos por partes. Para el problema de las paradojas se encontraron dos escenarios posibles. Los universos consistentes o los alternativos. Un universo consistente se basaría en que todas las ecuaciones de la física tienen que tener una solución consistente. El investigador que inventa la máquina nunca hubiera podido hacerlo si en el pasado su “yo del futuro” no hubiera fallado en el intento de asesinato de su padre. ¿Aún me sigue?
—Sí, claro. Lo que dice es que si, yo mismo, intentara viajar al pasado a matar a mi padre, no podré hacerlo, fallaría o algo sucedería que lo evitaría, porque aunque yo no lo supiera, ya habría sucedido en el pasado. Si nací es porque no pude hacerlo, porque fallé. Pero, según esa teoría sería imposible cambiar el pasado porque, en el pasado ya sucedió. De niño leí algo parecido, una novela de Tim Powers llamada “Las Puertas de Anubis”. Un profesor de literatura estudia a un poeta del siglo diecinueve y viaja al pasado para encontrarse con él. Termina en la taberna donde sabía que el poeta iba a escribir su mejor obra. Pasa allí horas esperando a que aparezca, pero éste no acude. Frustrado, el profesor termina escribiendo el poema de memoria, en la misma taberna y en el mismo momento en el que lo hubiera escrito el poeta. Al tiempo, tras más aventuras, descubre que él era el poeta. Pero había escrito el poema de memoria, entonces, ¿Quién era el autor del poema? ¿No sería este ejemplo válido? ¿Y eso no implicaría determinismo, que la historia esta prefijada?
—Cierto, sería una de las consecuencias. Según esta teoría se puede llegar a pensar que el futuro ya ha sucedido. Luego estaban los universos alternativos, de lo que usted hablaba al principio. En este escenario cuando viajara al pasado a matar a su padre estaría yendo a un pasado alternativo en un universo alternativo, y no al mismo del que salió. En este caso usted podría matar a su padre en el pasado, ya que el hombre al que asesinaría sería en verdad de otra realidad diferente a la suya. Esta teoría fue muy popular ya que según la física cuántica el universo no tiene una única historia, lo que evidentemente entra en claro conflicto con la idea de universos consistentes. Hasta que apareció Richard Feinman con su “suma de historias”. Por supuesto Feinman consiguió fama y renombre con otras investigaciones de muy diferente contenido, pero bajo mi punto de vista su teoría de “suma de historias” fue más que suficiente legado. Él pensó que tal y como dicta la física cuántica habría infinitos universos diferentes y cada uno tendría sus propias historias dependiendo de la probabilidad, que sería diferente en cada uno. Existirían universos en los que usted y yo no habríamos nacido, en los que las guerras tuvieron otro desenlace o no se llegaron a producir, infinitos mundos paralelos cada uno con su historia y sus leyes físicas. Pero cada uno de los universos sería consistente, auto contenido, no se iría de uno a otro al viajar en el tiempo. Esto unía las dos teorías, explicaba que habría infinitos universos alternativos pero cada uno de ellos sería consistente. Con esta teoría volveríamos al punto en que el pasado no podría cambiarse, porque el intento de cambio, de hecho, ya sucedió. Volviendo al ejemplo de antes, alguien que su padre no conocía, y que es usted, ya intentó matarlo en el pasado y no lo consiguió, por eso no importa que usted lo intente, volverá a fallar, pues ya lo intentó y falló, por eso pudo nacer.
—¿Y usted cree que esa teoría es la válida profesor?
—No puedo probarlo aún, pero mis investigaciones apuntan a ella. He conseguido demostrar por medio de los taquiones que son unas… —el sonido que salió del ordenador cortó la conversación. El profesor pulsó varias veces el teclado, sacó un auricular de un cajón de la mesa y contestó. Era Michael Zenit—. Sí, dígame.
—Profesor, si sigue con el inspector disimule y salga del despacho —éste hizo un gesto a Smith dándole a entender que la llamada era privada y salió por la puerta.
—Ya está, dígame Michael ¿de qué va esto? Estoy intentando retener al inspector como me pidió. No está siendo difícil pero...
—Escúcheme bien Atkins, ese hombre no trabaja para el estado, no es inspector, en el comité de investigación nunca han oído hablar de ningún Adam Smith, es un farsante y quiero saber por qué. De alguna manera ha intervenido nuestras líneas, por eso no he podido dar con usted antes. Es primordial que no se vaya hasta que llegue yo.
—Pero, ¿no deberíamos llamar a la policía? Si no es quién dice...
—No Atkins, quiero hablar con él en persona. Tardaré solo diez minutos en llegar, después veremos a quien hay que llamar. Entre y siga hablando con naturalidad. Si le pregunta por la llamada invéntese algo, quizás él piense que sigo incomunicado.
—Bien, así lo haré —Zenit colgó. El profesor volvió a entrar en el despacho. La llamada casi le había sacado de dudas. Su mente estaba tirando del hilo y la madeja estaba casi desecha. ¡Era asombroso! ¡Casi no lo creía! Pero había pocas explicaciones más.
—¿Algo importante profesor? —preguntó el supuesto inspector antes de que el profesor llegara a su silla.
—Dígame, ¿fui yo quién lo consiguió?
De todas las cosas que podía haber dicho, ésa era la única que por un momento dejó helado a su interlocutor. Se produjo una larga pausa y Smith, que siempre supo que existía la posibilidad de que el profesor le descubriera, necesitó de todo su autocontrol para no exteriorizar su sorpresa. Había subestimado a ese hombre. “¡Lo sabe! ¿Cómo demonios lo ha averiguado? ¿Zenit se lo ha dicho?” Técnicamente no importaba, nada cambiaría. No había motivos para mantener por más tiempo el engaño. Nada podía cambiar, estaba seguro.
—No profesor, lo siento. El viaje en el tiempo no será operativo hasta dentro de un siglo, al menos de donde yo vengo.
—Y de donde viene el Michael Zenit que conozco, ¿verdad? —era increíble, el profesor de alguna manera había averiguado también eso.
—Sí, él escapó de nuestro tiempo, del futuro para usted. Zenit fue el primer hombre que viajó al pasado y cuando llegó aquí suplantó y posiblemente asesinó al verdadero Michael Zenit. Cuando supimos lo que había hecho, que había usado la máquina para viajar a este momento del tiempo, comprendimos cuáles eran sus planes, pero nos asaltó una duda. Seguíamos existiendo. ¿No lo había conseguido? Hasta entonces sólo habíamos realizado saltos hacia el futuro, no llevábamos demasiado tiempo experimentando con la máquina y habíamos procurado ser cautos y no cambiar nada, ya era suficiente cambio el que estuviéramos allí. En consecuencia, ya que nunca habíamos visto los resultados reales de un cambio, estábamos como usted, ignorábamos si la teoría sobre la suma de historias de Richard Feinman era la que describía mejor nuestro universo, o si por el contrario el hombre que usted conoce por Michael Zenit había viajado al pasado de un universo paralelo. De cualquiera de las dos formas no parecía suponer un problema, ya que seguíamos existiendo y por lo tanto el viaje de Zenit no había afectado a nuestra realidad. Después se decidió mandar a un observador tras Zenit.
—Usted. Él quería que yo inventara la máquina con un siglo de adelanto. ¿Verdad? Por eso me financió. Vino del futuro, suplantó al verdadero Zenit, ¡qué nunca me habría financiado! para anticipar la creación de la máquina y usarla en su propio beneficio. ¡Maldita sea! —el profesor no tenía buen aspecto. Se estaba poniendo muy nervioso, se movía de un lado a otro de la habitación y maldecía. Era inevitable, pero por primera vez Smith se dio cuenta de que no estaba preparado para lo que iba a suceder—. ¡Soy un estúpido! Nadie quiso financiarme durante años, ¡y apareció él! Y usted ha venido a detenerle o, si es necesario... detenerme a mí. Zenit o como se llame me engañó. Y yo ciego, no lo vi. ¡Estúpido! Lo habría hecho sin dudarlo, le habría dado un poder ilimitado a ese hombre. ¡Estúpido! ¿Cómo no lo vi? —volvía a dolerle el pecho, se estaba poniendo demasiado nervioso—. Habría sido el fin de la humanidad, ¡a saber qué pensaba hacer ese hombre! ¡Estúpido! —respiraba con mucha dificultad, su excitación empezaba a ser desmedida y cuanto más crecía, más crecía el dolor.
—No profesor. Sólo he venido a observar. La teoría nos dice que el pasado no puede cambiarse, ¿recuerda? Richard Feinman, “suma de historias”, universos consistentes. Pero en la práctica nunca se había viajado al pasado y como le digo teníamos cierta incertidumbre sobre si estas teorías funcionarían tal cual. Si eran falsas podría detenerle y habría hecho un bien a esta realidad, pero en otras habría ocurrido, ya que habría infinitos mundos paralelos con infinitas probabilidades. Pero si la teoría de Feinman era acertada mi viaje no alteraría nada, nuestro universo sería auto contenido y en el pasado yo ya le habría visitado. El hombre al que usted llama Zenit habría intentado viajar al pasado, sin saber que ese pasado no puede cambiarse puesto que todo lo que hace en él es justo lo que sucedió hace siglos en mi universo. “Suma de historias”, historias consistentes, no se puede cambiar el pasado, porque en el pasado ya sucedió que llegase para cambiarlo. Si él no hubiera viajado al pasado usted no habría sido subvencionado, no habría adelantado años el proyecto y dentro de un siglo el inventor de la máquina no habría podido retomar las investigaciones donde usted las dejó, e inventar así la máquina. ¡Estamos en medio de una paradoja profesor! Antes de verle no estaba aún convencido del todo de que Richard Feinman tuviera razón. Los datos históricos que buscamos de usted tras el viaje de “Zenit” decían que hoy tendría una entrevista con Adam Smith inspector del comité de investigación. Pero cuando vine al pasado descubrí que no había ningún inspector del comité de investigación llamado así, y no había ninguna inspección prevista para hoy. Entonces temí que la teoría de Feinman no fuera correcta, y que por lo tanto esta fuera una realidad en la que “Zenit” se podía salir con la suya. Tardé un tiempo pero al fin comprendí. Recuerdo que me quede helado. ¡Yo era Adam Smith! era como en la novela de Tim Powers de la que le hablé, la que leí de niño. Es como si Adam Smith fuera el poeta de la historia, me volví loco buscándolo hasta que comprendí la verdad; ¡que era yo! Y cuando empezamos a hablar todas las demás dudas se disiparon...
Dejó de hablar bruscamente y se lanzó para sujetar al profesor, que se derrumbó cayéndose al suelo. Le dio la vuelta tumbándolo de frente. Tenía mucho peor aspecto que hacía tan solo un minuto. Respiraba a duras penas y se agarraba el pecho. Estaba sufriendo un infarto o eso parecía. De pronto pareció tranquilizarse. Seguía vivo. Habló a duras penas, parecía quince años mayor que hacía un minuto.
—¿Dice que mis investigaciones serán cruciales? ¿Sin ellas no se inventará la máquina dentro de un siglo? —parecía que se encontraba mejor.
—Sí profesor, en mi tiempo usted es recordado como uno de los grandes físicos de la historia. Pero dígame, ¿Cómo lo supo? ¿Cómo descubrió que yo venia del futuro? ¿Zenit le dijo por teléfono…?
—No, Zenit, o como se llame, no me dijo nada. Intuí algo casi desde el principio. Para empezar sepa que no tiene pinta de inspector del comité. Desde un primer momento sospeche que era usted un impostor, un verdadero inspector no me habría esperado en la puerta, habría entrado. Después le pregunté, “¿Qué es ahora?”, refiriéndome a la inspección y usted tuvo una reacción que en ese momento no comprendí. También se sorprendió de que el hombre de la foto fuera Richard Feinman, por lo tanto no solo conocía su historia por encima, sino que sabía que no había otras fotos de él que se salvaran de las guerras. Eso sólo lo sabría si hubiera buscado fotos de Feinman usted mismo. Y si ha estudiado a Feinman hasta tal punto de buscar una foto suya, sin duda conocía su teoría, lo que me decía que de alguna manera usted estaba aquí por mi investigación es sí. Más tarde dijo que si necesitaba algo, cuando me dio el ataque de tos, que conocía mi afección cardiaca. Ése fue su mayor error. Nadie lo sabe, ni siquiera Zenit. Podían intuir que mi salud no era la de años atrás, pero no lo sabían. El marido de mi hermana es médico, sólo él lo sabe. Lo he guardado en silencio para no perder la financiación. Todo eso ahora me parece más que evidente, pero ciertamente no acabé de unir las piezas hasta que llamó Zenit. Él me dijo que usted no era inspector, que le había investigado —entonces, sin previo aviso volvió el dolor, la punzada en su pecho. Primero suave, soportable, pero duraría poco así, tan sólo unos segundos. Disimuló como pudo—. También me dijo que no llamara a la policía, y no me pareció lógico. Sin duda él ya sabía quién era usted, o al menos de dónde venía. Quería solucionarlo él mismo, sin policía —no pudo disimularlo por más tiempo, el dolor era insoportable, nunca había sido tan fuerte. Quería decir algo más, intentó coger una bocanada de aire y uso las pocas fuerzas que le quedaban para hablar—. ¿Cómo lo sabe? ¿Por qué está tan seguro de que Feinman tenía razón, de que la teoría de “suma de historias” describe nuestro universo?
El hombre que se había hecho pasar por un Adam Smith que nunca había existido no quería responder a eso. No podía decirle la verdad en ese momento. ¡Estaba muriéndose! ¡Cómo iba a decirle que era eso! Sin embargo, un segundo después pensó que cuándo si no. Efectivamente se moría, y merecía saber la verdad. Sin su investigación la máquina no habría sido posible, ese hombre era el gran físico Paúl Atkins y se había ganado la verdad. Se armó de coraje y contestó a un hombre moribundo que parecía esperar la contestación para marcharse.
—Usted… profesor…, moría de un ataque cardiaco en la reunión con Adam Smith según nuestros informes, por eso no acaba su investigación. Supe que la teoría de Feinman era cierta cuando sufrió el primer amago, en el ataque de tos. —no dijo nada más. Nunca antes había visto morir a hombre. El cuerpo inerte frente al que estaba ya no le oía. Se había marchado. Pasó un minuto quieto, mirando el cuerpo del profesor. Luego se puso en pie y se dispuso a marcharse también.
Había tenido éxito. Gracias a su misión había quedado demostrada la teoría de “suma de historias” y sabia que “Zenit” no había sido nunca una amenaza. Su intento de cambiar el pasado había sido totalmente estéril, como lo sería cualquier otro. La historia de su universo era auto contenida, predefinida, consistente. El mundo estaba a salvo de hombres que quisieran manipular el pasado de la humanidad, podía volver a casa. Tal y como dijo una vez el físico Albert Einstein, parecía que Dios no jugaba a los dados.





Gonzalo Darko dijo
Jeje, ya me lo he leído, pero aprovecho para volver a decir que me parece muy buen relato y muy bien escrito. Un abrazo.
9 Enero 2009 | 10:53 PM